Arambel-Guiñazú, María Cristina y Claire Emilie Martin. Las mujeres toman la palabra: Escritura femenina del siglo XIX en Hispanoamérica. 2 vols.Vervuert: Iberoamericana, 2001. vol. 1: 214 pp.; vol. 2: 243 pp.
 
 

Estos dos volúmenes, uno de estudios, el otro, de antología de textos de mujeres hispanoamericanas del siglo 19, afirman la existencia de una tradición femenina en las letras hispanoamericanas y ofrecen un cuerpo textual importante que testimonia la fuerza de esa tradición. Dicen Guiñazú y Martin que no intentan recuperar estas obras como meras curiosidades literarias sino producir una (re)lectura que les asigne un lugar propio en el contexto cultural decimonónico. Los dos tomos serán seguramente textos obligados en cursos dedicados al tema. La antología incluye textos no fácilmente accesibles y en su mayoría desconocidos o mal conocidos, de una interesante mezcla de escritoras: de Cuba, la condesa de Merlín y Gertrudis Gómez de Avellaneda; la ecuatoriana Manuela Sáenz; las peruanas Mercedes Cabello de Carbonera y Clorinda Matto de Turner; la chilena Carmen Arriagada de Gutike; y las argentinas Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Eduarda Mansilla y Mariquita Sánchez de Thompson. El volumen de estudios ofrece una lectura amplia y una contextualización de los textos, una introducción breve, una sección de biografías de las escritoras estudiadas y una bibliografía.

La contextualización no se limita a ofrecer un panorama histórico-literario en el que se insertan los textos estudiados. La visión panorámica nunca deja de dar espacio al detalle interesante o a la cita reveladora de textos no seleccionados en la antología. (Vale la pena notar que los estudios citan generosamente textos que complementan y enriquecen la selección del segundo volumen.) Por otra parte, si la sección de biografías incluye materia de referencia a la que puede recurrirse para verificar fechas o abarcar la escueta trayectoria lineal de una vida, los comentarios biográficos incluidos en los estudios apuntan el detalle revelador que nos abre a otro tipo de entendimiento. Así se van dibujando en nuestra memoria, por un lado, el perfil singular de cada escritora; por el otro, la otra figura, la de una conciencia y unas preocupaciones compartidas que las identifican como grupo de intelectuales hispanoamericanas.

El hecho de que ni la cronología ni la ubicación geográfica organicen los capítulos es una elección especialmente feliz, entre otras cosas porque la lectora "vive" las semejanzas notables entre estas mujeres de distintos países y diversas regiones de la América hispana. Los capítulos responden a distinciones de género: desde la conversación y la carta, como margen entre lo literario y lo no literario, hasta el cuento y la novela, pasando por el ensayo, el relato de viajes y la autobiografía.

Los diferentes capítulos recorren, en rigor, modos diferentes de articular los avatares del sujeto, las posibles construcciones del yo, que, en ocasiones fundadas en un erotismo imposible de aguar, desafían la imagen de la mujer descarnada que nos daban las obras canónicas escritas por varones. Refiriéndose a la escritura autobiográfica, dicen las autoras algo que vale la pena citar porque revela la posición no esencialista de sus lecturas: "el proceso ... demuestra que la problemática a la que intenta responder no deriva de la pregunta quién soy yo, sino de otra, cómo escribir el yo; no trata de develar un ser escondido sino de elaborar un estilo escrito que le otorgue una forma al sujeto..."

Si pensamos que, históricamente, la conciencia feminista nace en el diecinueve, no resulta extraño encontrar que los textos de estas hispanoamericanas manifiesten una conciencia feminista, es decir, la conciencia de sus autoras de que como mujeres pertenecen a un grupo subordinado y tratado injustamente; y el saber que esa subordinación no está determinada por la naturaleza sino dictada por la sociedad. Estas mujeres manifiestan insatisfacción, conciencia de opresión y de límites. Todas, también, exhiben el conocimiento del sobreviviente, del oprimido, que enseña a manipular a los poderosos para ganar un máximo de ventaja o de protección. Como sus hermanas medievales, todas acometen la empresa necesaria de autorizar sus propias voces, sólo que a diferencia de aquéllas, ya no recurren a la inspiración divina o la revelación mística. Y sobre todo, todas ellas testimonian la conciencia de la necesidad de corregir la alienación con respecto al propio pasado y experiencia colectiva, de luchar contra el aislamiento impuesto por el silencio de registros; y el gesto de abrir espacios y diálogos con otras mujeres de América, de desbordar las fronteras nacionales y manifestar la visión americanista que las une.

M. Ana Diz

Lehman College, CUNY